VICTORIA AMENÁBAR

- Teatro inclusivo -

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La función realizada en el Patio de Armas del Castillo de Cuéllar estuvo profundamente atravesada por el principio del aquí y ahora. Las condiciones climáticas, especialmente el fuerte viento, representaron un desafío constante que afectó tanto a la escenografía como al desarrollo técnico de la obra. Sin embargo, lejos de convertirse en un obstáculo insalvable, estas dificultades fueron integradas por el elenco y el equipo técnico de manera creativa y efectiva, permitiendo que la representación se sostuviera con solidez.




A nivel actoral, se destacó el equilibrio en la ocupación del espacio escénico, la escucha permanente entre los intérpretes y el apoyo mutuo durante toda la función. Esto permitió que la obra avanzara con fluidez a pesar de los imprevistos. Asimismo, los actores lograron sostener con precisión los momentos de quietud, manteniendo la presencia escénica, la postura corporal y el foco de la mirada hacia los compañeros que estaban actuando, fortaleciendo la composición colectiva de cada escena.



Uno de los aspectos más significativos fue la capacidad de adaptar las acciones escénicas en función del aquí y ahora. Un ejemplo de ello ocurrió en una escena en la que debían arrojar unos papeles a otro personaje. Debido al viento, los papeles se volaban constantemente y la acción prevista resultaba imposible de ejecutar. En ese momento, los intérpretes transformaron la acción: en lugar de lanzar los papeles, uno de ellos acarició al compañero, resolviendo la situación de manera improvisada, poética y plenamente coherente con el universo de la obra. Esta decisión evidenció una gran capacidad de escucha, disponibilidad y creatividad frente a las circunstancias del momento.



Las condiciones climáticas también obligaron a realizar modificaciones en la escenografía. Los soportes originales de las máscaras no resistían el viento, por lo que fue necesario instalar unas rejas para sujetarlas de forma segura. Además, se incorporaron dos asistentes detrás de estas estructuras para sostener las máscaras en caso de que se desprendieran y otros dos asistentes debajo del escenario para recuperarlas rápidamente si caían. Estas decisiones permitieron que los actores pudieran concentrarse en su trabajo escénico sin que los inconvenientes técnicos interrumpieran el desarrollo de la función.



En cuanto a los aspectos técnicos, el uso de micrófonos resultó muy beneficioso. La amplificación funcionó correctamente, favoreciendo la proyección de las voces y fortaleciendo el trabajo dramático. Por su parte, el diseño lumínico acompañó eficazmente las distintas atmósferas de la obra mediante el uso de colores acordes a cada situación dramática. También fue destacable el manejo de los actores respecto de los focos de luz, ubicándose correctamente para potenciar la visibilidad y la expresividad de las escenas. El empleo de las luces de contra aportó un carácter épico y una fuerte teatralidad a la puesta.




Respecto a la escenografía, si bien inicialmente estaba previsto utilizar tules en movimiento, el viento hizo imposible esa propuesta. Finalmente, se decidió amarrarlos formando dos grandes rosetones, uno a cada lado del escenario. Esta solución, además de resolver el problema técnico, generó una decisión estética interesante, ya que permitió unificar visualmente el movimiento de los vestuarios con el de la escenografía, integrando el efecto del viento dentro del lenguaje visual de la puesta.


 


Cuando hablamos de teatro inclusivo solemos pensar en la participación de personas con discapacidad y en la eliminación de barreras físicas, sensoriales o cognitivas. Sin embargo, existe otra realidad que también limita el acceso a la cultura y que rara vez ocupa un lugar central en el debate: la pobreza.

Aunque la pobreza no es una discapacidad en términos médicos o legales, puede generar efectos similares desde una perspectiva social. El modelo social de la discapacidad sostiene que muchas limitaciones no provienen de la persona, sino de las barreras que encuentra en su entorno. Si aplicamos esta idea al ámbito cultural, vemos que las dificultades económicas también pueden impedir la participación plena en la vida artística.

En el teatro, estas barreras adoptan distintas formas: el coste de los talleres, el transporte, la falta de tiempo libre o la ausencia de oportunidades para acercarse a la cultura. Muchas personas quedan excluidas no por falta de interés o talento, sino porque no disponen de los recursos necesarios para participar.

Por ello, el teatro inclusivo no debería centrarse únicamente en la accesibilidad física. También debería preguntarse quién puede permitirse estar allí y qué medidas pueden facilitar la participación de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad económica.

Hablar de la pobreza como una posible discapacidad social no significa equiparar realidades diferentes, sino reconocer que ambas pueden generar exclusión y limitar oportunidades. Si el objetivo del teatro inclusivo es garantizar la participación de todas las personas, entonces también debe abordar las barreras económicas que siguen dejando muchas voces fuera del escenario.

La inclusión real comienza cuando entendemos que la accesibilidad no es solo una cuestión de infraestructuras, sino también de igualdad de oportunidades.

Al terminar nuestra función en Sala Tarambana, en Madrid, el público comenzó a aplaudir a nuestros actores. En ese instante sentí cómo se me hacía un nudo en la garganta de emoción. No por mí; era por ellos.

Los aplausos seguían creciendo, llenando la sala como una ola cálida, y ellos los recibían con una felicidad tan pura que parecía que llevaban mucho tiempo esperando aquel abrazo hecho de palmas. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta sentirse querido?

Fueron saliendo uno a uno para agradecer al público. Y cuando llegó el turno de Atoín, hizo una reverencia con una sonrisa luminosa. Luego otra. Y otra más. Y otra. Como si quisiera guardar cada aplauso en el corazón antes de que se escapara.

Fue un instante sencillo, de esos que apenas duran unos minutos y, sin embargo, permanecen para siempre. Una pequeña escena que me recuerda por qué hago lo que hago.

Nunca olvidaré aquel aplauso. No por su intensidad, sino por todo lo que decía sin palabras. Porque durante unos momentos, sobre aquel escenario, todos sentimos que algo hermoso había ocurrido. 





 

Ejercicio de Máscara Neutra en Teatro Cincómonos, por Cecilia Achille, Barcelona

 


 Antes de la función haciendo nuestro mierda mierda:







Llegué desde Barcelona

con una mezcla extraña

de calma y expectativa

como quien sabe

que algo importante está por comenzar

aunque todavía no tenga nombre.


Nuria vino a buscarme al hotel,

madre de Paula,

como si ya supiera

que los comienzos necesitan manos suaves.


El ensayo ocurría

en la casa de la madre de Nuria,

abuela de Paula,

una casa que parecía guardar

el eco de muchas conversaciones.


No estaba nerviosa,

o al menos no de esa manera incómoda.

Más bien me sentía atenta,

abierta.

Confiando en esa brújula interna

que aparece cuando conozco a alguien

y me susurra, despacio,

quién trae ternura consigo.


Siempre me he pensado amable,

muy cariñosa también,

y Jaime —de los primeros en llegar—

pareció entenderlo enseguida.


Se acercó y me abrazó

durante un largo rato,

como si ya nos conociéramos de antes.

Después pidió mi número

para mandarnos mensajes por Whatsapp.

Su madre es Carmen. 


Marcos estaba ahí también.

Al principio no hubo abrazos,

pero sí esa facilidad instantánea

de caer bien sin esfuerzo.

Venía acompañado de su hermana.


Poco a poco llegaron las demás madres

junto a sus hijos,

y la casa comenzó a llenarse

de conversaciones superpuestas,

risas,

movimientos,

vidas entrando en escena.


Entonces apareció Héctor,

actor sonriente,

de esos que siempre tienen una opinión interesante

sobre cualquier cosa.

Lo admiré de inmediato.

Hay personas que miran el mundo

desde un lugar al que uno quisiera asomarse.


Mientras tanto, MariCarmen terminaba de descargar el auto,

siempre enterada de todo:

producción, escenografía,

los detalles invisibles

que sostienen una obra entera.

Otra admiración silenciosa

para guardar conmigo.


¿Y Teté?

Teté era puro carácter.

Un personaje resuelto,

luminoso,

con un carisma capaz de llenar cualquier habitación

sin pedir permiso.


Más tarde vi a lo lejos a Atoín.

Se acercó, me saludó

y me dijo algo al oído

que jamás os podré revelar.

Después salió a su encuentro Jaime,

enamoradísimo

de su nariz respingada.


Y entonces llegó Manu,

bajándose de un auto

como alguien esperado de verdad.

Querido por todos.

Con humor rápido

y una presencia imposible de ignorar.

Nos saludamos con un abrazo,

y el resto de nuestras conversaciones ya pertenecen

al resto de esta historia.


Lo importante

es que al final Marcos y yo

sí nos dimos un abrazo.


Y Paula me contó

que había tomado dos buses desde la universidad

para llegar hasta allí.


Y así empezó todo:

un primer día cualquiera

que terminó pareciéndose

al inicio de algo importante.


Tal vez por eso recuerdo ese día:

por la sensación profunda

de haber llegado exactamente

al lugar correcto.











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Victoria Amenábar

Victoria Amenábar
Actriz chilena

ABOUT

María Victoria Amenábar es una actriz y directora que entiende la interpretación como un puente entre el arte y la inclusión social. Su trabajo se caracteriza por una mirada sensible hacia la diversidad, la accesibilidad y la representación, integrando estos valores tanto en escena como en sus proyectos creativos. Con experiencia en teatro, cine, webseries y publicidad, ha participado en producciones como Sueño de una noche de verano, donde interpretó a Titania en un papel protagónico, además de dirigir la obra Paraísa y colaborar en iniciativas de teatro inclusivo en España. Su formación internacional en artes escénicas —entre Argentina, Chile y España— refleja una búsqueda artística constante y multidisciplinaria. Victoria combina sensibilidad escénica, compromiso social y versatilidad interpretativa, consolidándose como una artista con una voz auténtica y contemporánea.

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     Antes de la función haciendo nuestro mierda mierda:
  • Festival Internacional Visibles, Madrid
     

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